Durante décadas, los barrios de México estuvieron llenos de sonidos y oficios que hoy apenas sobreviven. El silbido del afilador, el golpeteo del zapatero, el pregón del vendedor de camotes o el clic del fotógrafo de jardín formaban parte del paisaje cotidiano en plazas y mercados de todo el país.

un par de zapatos?
Estos oficios, que durante generaciones fueron el sustento de miles de familias, están desapareciendo lentamente ante el avance de la tecnología, el consumo rápido y la vida digital. Lo que antes se aprendía por tradición el uso de las manos, la paciencia del oficio, el trato directo con el cliente, ahora se enfrenta a la automatización y a la indiferencia.
En lugares como la Plaza de Santo Domingo en la Ciudad de México aún resisten los escribanos o escribientes públicos, conocidos popularmente como “evangelistas”. Con su máquina de escribir o su computadora portátil, redactan cartas, solicitudes o documentos para quienes no dominan la escritura. Un oficio que alguna vez existió también en plazas de ciudades como Morelia, donde las personas acudían a pedir ayuda para redactar cartas o llenar trámites.
En Michoacán, varios de estos oficios aún se pueden encontrar, aunque en peligro de desaparecer. En Zamora, los zapateros artesanales luchan por mantenerse frente a la competencia de la producción industrial. En Pátzcuaro, todavía hay talabarteros que fabrican cinturones, fundas y sillas de montar a la manera tradicional. Y en los mercados de Morelia, aún se escucha el golpeteo de los hojalateros que reparan cazuelas, o el de los afiladores que ofrecen su servicio en bicicleta.

Cada uno de estos oficios representa una parte del alma del país. No son solo trabajos: son saberes que formaron comunidad, que crearon identidad y que hoy sobreviven gracias a la persistencia de quienes se niegan a olvidar lo aprendido.
Más que nostalgia, su historia es una advertencia: en México, el trabajo manual también es patrimonio. Y cuando desaparece un oficio, no solo se pierde una fuente de ingreso, sino una forma de entender la vida.
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