En ningún otro lugar del planeta, solo en el Lago de Pátzcuaro, Michoacán habita el achoque (Ambystoma dumerilii), una salamandra acuática tan única que no sobrevive en ningún otro ecosistema del mundo.

Esta especie, emparentada con el ajolote de Xochimilco, ha desarrollado una increíble adaptación: puede regenerar partes de su cuerpo, incluyendo extremidades, tejidos e incluso fragmentos del corazón y del cerebro.
El achoque vive toda su vida bajo el agua, respirando por medio de branquias externas rojas que se abren como plumas en los costados de su cabeza.
Durante el cortejo, los machos realizan una danza hipnótica: “bailan” bajo el agua para enamorar a las hembras, moviendo el cuerpo de forma rítmica en un espectáculo silencioso que los lugareños comparan con una coreografía natural.
Durante décadas, las monjas del Convento de Nuestra Señora del Rosario, en el centro de Pátzcuaro, han protegido esta especie criando ejemplares en cautiverio para evitar su extinción.
En el pasado, también elaboraban el tradicional jarabe de achoque, un remedio natural para la tos y los problemas respiratorios. Hoy, se dedican exclusivamente a su conservación, trabajando junto a científicos y ambientalistas para mantener viva la especie.
Actualmente, el achoque está clasificado como “en peligro crítico de extinción” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).
Aun así, sigue nadando en silencio en las profundidades del lago, recordándonos que la vida más extraordinaria puede encontrarse en los lugares más tranquilos.
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